Iurgi de excursion

12 marzo 2013

Guangxi II

Como ya comenté 2012 tuvo muchos viajes, aunque no he subido la mitad. Trabajo y bodas, me hicieron ir a la península un par de veces y tener a Miao descubriendo Asia, revisitar y descubrir unos cuantos sitios nuevos. Siete viajes en total. Menuda huella de carbono...

Una vez ido a Palawan, otro lugar al que me apetecía ir de nuevo era la provincia de Guan Xi, donde había estado el primer año en Yangshuo. Esta vez con algo más de tiempo, seis días de semana santa. Para quitarnos el primer vuelo y hacerlo en el más estilo mochilero, coger tren a Shenzhen y desde allí autobús nocturno hasta Yangshuo. Coche-cama literal.


Literas en donde acurrucarse. Pena que no midieran 15cm más y entraría estirado del todo. Con el amanecer, bastante gris, llegar al pueblo. Pasear sus calles intentando localizar el hotel donde dormiríamos las primeras tres noches y pasar por delante de una tiendita que sería punto de "repostaje" habitual los siguientes días.


Baozi. Bollos al vapor rellenos de un montón de ingredientes diversos: vegetales, carne, huevo, alubias dulce... Cada color (en la punta) es un tipo distinto. Con todo lo que me gusta el pan o lo que se le parezca, este es uno de mis desayunos chinos preferidos. Elegir unos cuantos que te meten en una bolsa de plástico, si es para llevar, con un buen baso de leche de soja fría. Rico, rico.

Encontrar el hotel, dejar las mochilas y al río Li.


Barcas de bambú con las que bajarlo tranquilamente sentados. Llevados parte por la corriente, parte por el conductor empujando bambú en mano. El paisaje, ya conocido, con montañitas al estilo Dragoi Bola y vegetación exuberante.


Para moverse de un lugar a otro la hija de la dueña del hotel de guía. Aquí haciendo un poco el tonto.


¿Haciendo exactamente qué? Ir al siguiente punto de la excursión, en este caso el restaurante, en nuestro tándem alquilado.


Medio azul, medio rosa. En Yangshuo se puede alquilar bicicletas de todo tipo, incluyendo buenas "mountain-bikes". Pero como Miao no controla lo suficiente como para andar campo a través, el tandem parecía la mejor solución. Aunque un resbalón si tuvimos, en zona no asfaltada, que llevó a bastante barro en su pantalón. No big deal, porque nos ibamos a llenar de barro voluntariamente poco más tarde.


Cueva a visitar con piscina de barro en la mitad. La verdad es que tengo mejor recuerdo de la anterior, mucho más auténtica. Aquella ibas con tu linterna. La de esta vez todo en versión más "china": iluminada todo con bombillas, sin apenas sensación de estar andando por una cueva, aunque el baño de aguas "termales" estuviera muy bien. Tanto como para que alguna se quedara dormida allí dentro.

Siguiente día visita turística a un parque llamado "Shangri-la". A saber cuantos sitios en China utilizan este nombre de lugar idílico inventado. Trayecto de bus, pegarnos un rato largo con los de la cola: no reconocían el tíquet que nos habían emitido en una agencia de viajes. Que si llamadas a la agencia que no cogía. Malas caras. Discusiones. Y entrar al recinto en sí. Unos cuantos edificios alrededor de un río/lago con material utilizado tradicionalmente por los lugareños.


Vestigios culturales que van desde casi los hombres de las cavernas hasta las distintas dinastías chinas. Coger barquito e ir viendo la zona, más algunos bailes, música local etc representado en las orilla.


No nos hizo excesiva ilusión. Volver a Yangshuo y subir a una de las muchas montañitas de la zona. Esta directamente en el parque principal del pueblo/ciudad. Escaleras de roca para arriba y encontrarnos con unos locales echando la partida de cartas bajo una pérgola.


Las vistas del pueblo entre la niebla y el verde.


Show a la noche similar al de Zhangjiajie: Sanjie Liu.


Despertarnos con otra mañana gris y fría. Para empezar con ganas otro desayuno local, una especie de sopa con fideos, muchos vegetales, carne de caballo y picante al gusto.

Plato caliente y contundente. Coger autobús y llegar a Yangdi desde donde andaríamos junto al río Li hasta Xingping. Coger bus hasta el comienzo del recorrido y pegarnos un poco para descubrir como comprar los tíquets que nos permitirían cruzar el río para poder seguir el camino. Como no, en China, regatear también para esto. En cuanto pusimos el pie en tierra docenas de locales ofreciéndonos tíquets para las distintas opciones: bajar en barco, en balsa de bambú o andar. La verdad es que son unos pesados y encontrar un lugar oficial donde arreglarlo uno por su cuenta imposible. Tras mucho regateo finalmente conseguimos los billetes, aquí con la señora toda feliz que nos los vendió.

Los billetes en cuestión daban acceso a unos ferries pequeños como el de la foto, con su señal (flecha bidireccional) en el techo, que te llevaban de un lado al otro del río. Tres o cuatro trayectos cortos que permiten seguir el sendero principal.


Bonito paseo


Pasando por pequeños pueblos de pocas casas y niños tranquilamente correteando.


Gallinas, pollos, ganado vario...


Plantaciones diversas. Muchos naranjos. Y lluvia fina constante. Alguien con su chubasquero "low-tech".


La humedad constante hace que el lugar tome todas las posible tonalidades del verde.


Llegar a Xingping.


Uno de los paisajes más conocidos de China, al estar en los billetes de 20 yuanes. Como habíamos hecho el recorrido bastante rápido, seguimos dando vueltas. Primero a un pequeño mirador que hay en el mismo pueblo.


Y luego "de aventura". Tenía la sensación de que si tirábamos en cierta dirección llegaríamos a un pueblo pesquero cercano, famoso por haber sido visitado por distintos presidentes. Entre casas hasta encontrar la senda. ¡Premio para el niño! Camino pintoresco que empezaba con estas escaleras de roca.


Nos gustó mucho todo el recorrido, aunque nos cayera el diluvio encima y por tanto no pudiéramos sacar apenas fotos.


Dar una vuelta por el pueblo y (tras regatear de nuevo...) barco hasta el punto de inicio.


Los dos últimos días los pasaríamos en Longsheng. 150km al nor-noroeste de Yangshuo. Pequeños utobuses que suben por carreteras llenas de curvas, hasta llegar al lugar. Ver un poco de la cultura local, con su estilo de edificación tradicional. Sus minorías raciales locales con sus costumbres: en el caso de las Yao las mujeres no se cortan nunca el cabello y van enrollando de distintas maneras en función de su estado. Un espectáculo en donde ver un poco de todo ello.


Y tirar monte arriba, que era lo que nos interesaba. Encontrar un hotel donde dejar las mochilas y a ver la naturaleza de la zona. Pasando por pintorescos puentes.


Pueblos con sus animales paseando tranquilamente por sus "calles"


Tejados y más tejados de pizarra.


Y la característica más conocida del lugar, terrazas y más terrazas de arroz. Hectáreas y hectáreas de tierra ingeniadas para maximizar el cultivo. Lineas y lineas por todas partes.


El día siguiente despertarnos prontito y de paseo hasta el siguiente pueblo. Con arrozales y terrazas siempre rodeándonos.


Curioso paisaje que sorprende al que no ha pasado un tiempo antes en Asia. Se consideran una de las razones por las que China llegó a ser el imperio que fue. Capaz de cultivar de la forma más eficiente tierras de orografía compleja y dar de comer a miles de personas. Paisajes de otros tiempos.


Un día de paseo tranquilo hasta llegar al punto final donde encontrar carretera.


Bus bajando de nuevo por carretera serpenteante. Otro bus hasta Guilin. Comida tardía. Regatear por el taxi. Aeropuerto. Regatear por el asiento :P ¡A casa!

2 Comments:

  • Disculpe la pregunta, pero por que menciona que usted "regatea" los precios. Yo no he viajado a
    China, pero si he visto que los gringos regatean en Latinoamerica ( aqui en los USA tambien piden descuentos todo el tiempo). En mi pais en LA consideramos de mal gusto regatear, incluso es ofensivo, sino tiene plata, no compre. Disculpe.

    By Anonymous Anónimo, at 8/1/14 9:33 a. m.  

  • En China, y diría gran parte de Asia menos desarrollada, regatear es parte de la "experiencia turística", a veces incluso del día día local. Aunque no me guste personalmente. Se da por supuesto que el precio está inflado de partida. Para nada ofensivo.
    Incluso en algún caso he acabado con vendedor con sonrisa de oreja a oreja tras una buena sesión de regateo en la que poco a poco le demostré que no era un turista más, sino que sabía de la cultura local y el producto y era capaz de chapurrear algo del idioma. Otra cultura.

    By Blogger iurgir, at 8/1/14 9:51 a. m.  

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