Iurgi de excursion

21 septiembre 2015

Son Doong 1

Algo menos de una hora de trayecto en minibús desde el hotel de la compañía oyendo aventuras varias del lugar. La zona tiene mucha historia, siendo uno de los corredores principales para el transporte de mercancías en la guerra contra los americanos. Cientos de bombas lanzadas en la zona intentando parar los suministros del Viet Cong y distintas estrategias seguidas que no tuvieron éxito, para regocijo de los locales. Y aparte tiene un valor incalculable para los espeleólogos, con las condiciones perfectas que han permitido la creación de innumerables cuevas.

Llegar al comienzo del recorrido y entrar en la jungla.

Volver a encontrarse con viejas conocidas: sanguijuelas… Pero parecía que con menos humedad mucho menos activas que en la jungla de Laos. En todo el parque nacional también apenas gente. Un pequeño pueblo por donde pasamos.

Y no más de diez turistas permitidos en cada momento. Esto reduce mucho el tamaño de las posibles expediciones, lo que por una parte significa que el impacto medioambiental es mínimo y por otro que la aventura es cara. Entre el pago del permiso al gobierno, los porteadores, guías, jefe de expedición, el material, etc casi a la altura de hacerse un Everest, supongo. Aquí parte de la comitiva tras pasar uno de los muchos cauces.

Y tras unas cuantas horas de paseo llegar a la entrada de la cueva de Hang En.

Momento de ponerse todo el material encima. Casco. Frontal.

Y a comenzar nuestra espeleología o espeleísmo. Hablando sobre los términos con los expertos: caving (el “deporte”) y speleology (la ciencia) en inglés.

Poco más de veinte minutos por una caverna espaciosa hasta llegar a un punto donde la luz entra de nuevo.

Y abajo nuestro primer campamento.

¿Quién dijo que dormir en una cueva tenía que ser incómodo? Con río subterraneo que creaba un pequeño lago, con dos temperaturas, una playa donde asentar las tiendas de campaña, espacio de sobra… Bajar con cuidado.

Dejar las cosas en nuestra tienda; cada uno una o compartida con su pareja. Darnos un baño y comprobar que no teníamos ninguna sanguijuela por el cuerpo, mientras los cocineros calentaban bebidas

y preparaban la comida.

Un gran plástico de “mantel” sobre el que poner todas las viandas y a nosotros mismos.

Muy buena comida. Charleta mientras nos la comíamos. Sobre nuestras cabezas, muchos metros por encima, oír bichos volando, que de vez en cuando dejaban caer algún “regalito”. Pensaba que eran murciélagos, pero Howart nos dijo que eran vencejos. Unos pájaros muy apreciados por los locales. Tanto como para escalar, sin ningún tipo de seguridad, las paredes de aquella cueva, decenas de metros sobre el suelo, para llegar a los nidos y hacerse con aquellas exquisiteces…

Jugar a las cartas, limpiar los dientes y varios y a dormir pronto para poder despertarse prácticamente con el amanecer. Vistas desde mi tienda.

La idea era tener todo preparado, desayunar a eso de las 8 y subir a uno de los puntos altos cerca del campamento para intentar ver esto.

Bonito, ¿a que sí? Una pena que no lo pudiéramos ver (foto para clientes recibida en el retorno). Nubes fuera no permitiendo que la luz entrara. Aún así desde ese punto se puede apreciar el tamaño de la cueva y lo mucho que te tienen que gustar los pájaros en cuestión para subirse al techo de la misma para cogerlos…

Coger nuestra mochila, cascos y frontales y dejar el campamento detrás.

Los porteadores llevaban todo el peso de verdad: sacos de dormir, esterillas, comida, baterías de repuesto, nuestras mudas, neceser, etc. En nuestras mochilas lo mínimo: material de fotografía, una chaqueta, agua… Y para arriba y abajo dentro de la inmensa cueva.

Hasta llegar a la fotogénica salida.

Un nuevo cauce a cruzar.

Y más jungla por la que andar

con cuidado.

Llegar a un punto intermedio en donde comer un tentempié. Fruta, pan, galletitas dulces y saladas, algo de embutido y queso. Sin quejas con la comida ni su frecuencia. Yo creo que cada menos de tres horas teníamos que comer, así que no tuve que aprovisionarme en exceso por mi cuenta :P Una vez acabado el descanso ponerse el arnés de escalada

y comenzar el descenso.

Sorprendentemente la cueva más grande del mundo tiene una entrada relativamente pequeña.

Por la que pasar medio agachado y con algo de calma.

Hasta que ya entras en la abertura principal y bajas dejando la luz natural arriba.

Momento para confiar en los frontales y las cuerdas en un descenso de 80 metros.

Realmente se podría hacer sin ellas. He bajado terreno mucho más complicado. Pero la empresa, con toda la lógica, prefiere tener a los clientes cuanto más seguros posibles. No tiene que ser nada divertido tener que sacar a alguien de allí que se lesione (esguince, rotura o cualquier otra cosa) por no andar con cuidado. En general diría que cualquier persona medianamente en forma puede hacerlo. Según el propio cuestionario de la web si regularmente corres o haces senderismo o similares y tienes una buena coordinación/equilibrio no deberías tener problemas. Y Howart nos contó unas cuantas historietas de gente totalmente sedentaria que mintieron para ser aceptados o alguna con muchísimos kilos de más encima que tuvieron que prácticamente subir y bajar a pulso entre los empleados… En nuestro caso el grupo no tuvo ningún problema.

Llegar a uno de los ríos subterráneos que teníamos que cruzar.

De nuevo, por seguridad, con una cuerda en la mitad a la que agarrarse, para evitar que la corriente te pudiera arrastrar. Cosa poco probable, pero que tendría poca gracia porque poco más allá el cauce coge fuerza y velocidad (foto de Chris).

Aprovechar para bañarnos.

Y último tramo antes de llegar al segundo campamento. Aquí comenzaríamos a “pintar con luz” (light painting). La cueva es tan grande que no hay forma de verla entera con los frontales, por muy potentes que sean, que lo son. Para sacar fotos hay que poner la cámara en el trípode (yo solo tenía uno pequeñito…), poner la exposición a 30 segundos y “modelos” a distintas alturas, algunos estáticos y otros moviendo el foco de sus linternas para ir “pintando” con luz (iluminando) cuanto más se puede de la cueva. Consiguiendo algo así (de nuevo foto Oxalis).

Seguir de paseo y llegar al punto final del día con la dolina (resumiendo mucho, el punto donde el techo de la cueva ha colapsado) que permite a la luz natural entrar en la cueva.

La luz y mucha niebla en continuo movimiento por el viento que entra por ella. Foto también de Chris.

Continua.

Créditos: Chris es uno de los chicos que venía en el grupo y algunas de sus fotos me gustaron más que las mías. Primera vez que realmente echo de menos un trípode en condiciones…

3 Comments:

  • Una pasada, precioso!
    Ondo ibili!!!
    Musutxus
    P.D: te quedan los post un pelín largos, podrían ser más cortos y más frecuentes?

    By Anonymous karmele, at 22/9/15 2:54 p. m.  

  • Voy ya por el tercer capítulo del viaje, bi gehio oraindik. Como lo divida más voy a tener N posts. Voy lento viendo fotos, los vídeos etc y subiendo poco a poco. Ya escribiré cosas más cortitas posteriormente, pero o saco esto o voy a empezar a tener exceso de viajes pendientes :P Menudos problemas del primer mundo.
    Geeeeeeroarte.

    By Blogger iurgir, at 22/9/15 5:08 p. m.  

  • Muy chulo todo. Vaya experiencia. Sigue q queremos ver más. Y leer más cosas tan chulas

    By Anonymous Anónimo, at 23/9/15 2:53 a. m.  

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